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Guía · Informática Musical

Organología de la gaita asturiana como dato

Cómo se describe la gaita asturiana en términos medibles —partes, tonalidad, rango de frecuencias— y qué hace falta entender antes de digitalizarla.

Fotografía de una gaita asturiana real con fol rojo de flecos, rodeada de esquemas técnicos superpuestos —diagramas de sus partes en trazo blanco, un espectrograma, una gráfica de respuesta en frecuencia y un teclado de piano— sobre fondo oscuro tipo blueprint.

Llevo la gaita asturiana tocándose entre las manos desde hace más tiempo del que llevo escribiendo código, y hoy dedico buena parte de mi trabajo a que un ordenador sea capaz de “escuchar” un instrumento y describir lo que suena. Cuando esos dos mundos se cruzan aparece una pregunta muy concreta, nada pedagógica: ¿cómo se describe la gaita asturiana en términos que un sistema pueda procesar? No cómo se toca —eso pertenece a la enseñanza del instrumento—, sino cómo se mide, se codifica y se representa como dato. Esa es la organología: el estudio descriptivo de los instrumentos musicales, y el punto de partida obligado antes de intentar digitalizar nada.

Qué es la organología y por qué me interesa aquí

La organología estudia los instrumentos musicales desde su construcción, clasificación y funcionamiento acústico, no desde la técnica interpretativa. Es el terreno de las partes, los materiales, las medidas, las tonalidades y los rangos de frecuencia. En un cuaderno de investigación centrado en informática musical, ese vocabulario descriptivo es el primer eslabón: no se puede modelar, sintetizar ni transcribir automáticamente un instrumento del que no se tiene una descripción precisa.

Las partes de la gaita asturiana

La gaita asturiana es un aerófono de lengüeta múltiple con depósito de aire intermedio. Se compone de cuatro elementos:

  • Soplete: el tubo por el que el gaitero insufla el aire al fol. Incluye una válvula unidireccional que impide que el aire retroceda al soplar.
  • Fol (odre): el depósito de aire, tradicionalmente de piel curtida y hoy también de materiales sintéticos, que actúa como reserva y permite el sonido continuo característico de las gaitas de fol.
  • Punteru: el tubo melódico, con una lengüeta doble (de caña, similar a la de un oboe) en su extremo y una serie de orificios digitales que determinan la altura de cada nota.
  • Roncón: el tubo de bordón, con lengüeta simple, que produce un único tono grave y continuo mientras suena la melodía. Suele llevar además el ronquín, un bordón secundario más agudo, dependiendo del modelo.

Desde el punto de vista organológico, esta estructura —depósito de aire + melódico con lengüeta doble + bordón con lengüeta simple— es la que sitúa a la gaita asturiana dentro de la familia europea de gaitas de fol, junto a la gaita gallega, la Great Highland Bagpipe escocesa o la uilleann pipe irlandesa, cada una con su propia combinación de tubos, lengüetas y digitación.

Tonalidad y escala

Las gaitas asturianas tradicionales se construyen afinadas en una tonalidad fija de fábrica —el instrumento no modula ni cambia de tonalidad como un piano—. Las más extendidas son si bemol, do y re, y esa elección condiciona tanto el timbre como el repertorio con el que suele emparejarse cada instrumento.

El punteru reproduce, con sus orificios digitales, una escala diatónica de nueve notas dentro de una tesitura de aproximadamente una novena —del primer grado de la tonalidad hasta el noveno—, más algunas notas alteradas que se obtienen con digitaciones específicas del instrumento (horquillas). Esto la diferencia de un instrumento cromático completo: el rango disponible está acotado por el diseño físico del tubo y el número de orificios, no es configurable.

Rango de frecuencias: cuando la tonalidad se convierte en hercios

Traducir la tonalidad de fábrica a frecuencias concretas es el primer paso real hacia cualquier tratamiento digital del instrumento. Tomando como referencia el temperamento igual con La4 = 440 Hz, una gaita en si bemol sitúa su nota fundamental del punteru en torno a los 233 Hz (Si♭3), con la tesitura completa del instrumento —punteru más roncón— extendiéndose aproximadamente entre los 115 Hz del roncón grave y los 500 Hz de las notas más agudas del punteru. [Estas cifras son orientativas: la afinación real de cada instrumento varía según el fabricante, la temperatura, la humedad del fol y el desgaste de la lengüeta, y no sigue necesariamente el temperamento igual occidental de forma estricta.]

Esa variabilidad no es un defecto de fabricación: es una característica propia de los instrumentos de lengüeta con odre, que responden a la presión del aire de un modo mucho menos estable que un instrumento con boquilla rígida o que un teclado electrónico. Para cualquier sistema de análisis de audio que trabaje sobre gaita, esa fluctuación —y no solo la nota “ideal” de la partitura— es parte de la señal real que hay que modelar.

El puente hacia la digitalización

Aquí es donde la organología deja de ser una ficha descriptiva y se convierte en un requisito técnico. Antes de plantear cualquier sistema que escuche una gaita y reconozca lo que suena, hace falta saber de antemano: cuántas notas tiene la escala, en qué rango de frecuencias se mueve el punteru, qué comportamiento tiene el bordón continuo del roncón —una fuente de energía espectral estable que un sistema de detección de altura debe aprender a separar de la melodía— y cuánta variación de afinación es “normal” en el instrumento frente a la que sería un error del gaitero o del sistema.

Ese último punto conecta directamente con uno de los problemas centrales de la transcripción automática de música: la polifonía y el timbre complican la tarea, y un instrumento de bordón continuo como la gaita —con una nota grave sonando sin interrupción bajo la melodía— es, en la práctica, polifónico por diseño. Un sistema de AMT entrenado con piano no generaliza bien a la gaita sin adaptarse a esta particularidad.

Dicho esto, el roncón no siempre está presente en la señal que hay que analizar: en formación, cuando varios gaiteros tocan juntos con otros instrumentos, es habitual que los profesionales retiren el roncón del instrumento precisamente para no complicar las armonías del conjunto. Un sistema de transcripción pensado para gaita tiene que contar con ambos casos —con bordón y sin él— como variantes legítimas de la misma fuente, no como una anomalía a corregir.

Una vez que la señal de audio de una gaita se transcribe a notas discretas, el formato natural en el que representar esas instrucciones es MIDI: qué nota suena, cuándo empieza, cuándo termina y con qué intensidad. MIDI no describe el timbre característico del punteru ni la textura del bordón —de eso se encarga la señal de audio original—, pero sí ofrece la capa simbólica sobre la que se puede indexar, buscar y comparar un repertorio de gaita de forma sistemática, igual que ya ocurre con corpus de piano o de otros instrumentos mejor cubiertos por la investigación en MIR.

Organología y pedagogía: dos terrenos distintos

Conviene remarcarlo con claridad: describir el instrumento —sus partes, su tonalidad, su rango de frecuencias— no es lo mismo que enseñar a tocarlo. La digitación, la embocadura, el control del fol o la técnica de ornamentación son terreno de la enseñanza del instrumento, no de este cuaderno. Esa parte —la pedagógica— la cubro desde otro lugar: EMTI Fervienza, la escuela de música tradicional que dirijo, centrada en la enseñanza de gaita asturiana. Aquí, en cambio, me interesa exclusivamente el instrumento como objeto de estudio acústico y como fuente de datos.

Bibliografía

Las referencias en las que se apoya este artículo y por dónde seguir leyendo:

  • Benetos, E., Dixon, S., Duan, Z., & Ewert, S. (2019). Automatic Music Transcription: An Overview. IEEE Signal Processing Magazine, 36(1), 20–30.
  • Fletcher, N. H., & Rossing, T. D. (1998). The Physics of Musical Instruments (2.ª ed.). Springer.
  • Von Hornbostel, E. M., & Sachs, C. (1914). Systematik der Musikinstrumente: Ein Versuch. Zeitschrift für Ethnologie, 46, 553–590.
  • The MIDI Association. The Official MIDI Specifications.

Preguntas frecuentes

  • ¿En qué se diferencia la organología de aprender a tocar la gaita?

    La organología estudia el instrumento desde su construcción, clasificación y comportamiento acústico: cuántas partes tiene, en qué tonalidad se afina, qué rango de frecuencias cubre. No entra en cómo se digita una nota, cómo se controla el fol con el brazo o cómo se articula un adorno con la lengüeta doble del punteru —eso es técnica interpretativa, terreno de la enseñanza del instrumento—. En labs.tever.es la gaita asturiana se trata como objeto de estudio acústico y fuente de datos; la parte pedagógica vive en otro espacio, ajeno a este cuaderno. Más detalle en organología de la gaita asturiana.

  • ¿Cuántas notas tiene el punteru de la gaita asturiana?

    El punteru de la gaita asturiana es el tubo melódico: una serie de orificios digitales sobre un cuerpo con lengüeta doble determina la altura de cada nota. Reproduce una escala diatónica de nueve notas dentro de una tesitura aproximada de una novena —del primer grado de la tonalidad de fábrica hasta el noveno—, más algunas notas alteradas que se obtienen con digitaciones específicas del instrumento, conocidas como horquillas. A diferencia de un teclado, el rango disponible no es configurable: lo fija el diseño físico del tubo y el número de orificios. Más contexto sobre cómo se traduce esa escala a frecuencias concretas en organología de la gaita asturiana.

  • ¿Por qué el roncón complica la transcripción automática de la gaita?

    El roncón es el tubo de bordón de la gaita asturiana: produce un único tono grave y continuo mientras suena la melodía del punteru. Para un sistema de análisis de audio, eso significa que la gaita es, por diseño, un instrumento con dos fuentes de sonido simultáneas —una fija y estable, otra variable y melódica—. Separar esa mezcla es un problema equivalente al que plantea la polifonía en instrumentos como el piano: las frecuencias del roncón y del punteru se solapan en el espectro, y el sistema debe aprender a distinguir cuál es el bordón constante y cuál la nota que cambia. Ahora bien, el roncón no siempre suena: en formación, cuando varios gaiteros tocan junto a otros instrumentos, los profesionales suelen retirarlo para no complicar las armonías del conjunto, así que un sistema de transcripción tiene que contemplar ambas variantes —con bordón y sin él— como igual de válidas. Lo desarrollo en organología de la gaita asturiana, y el problema general de la polifonía en qué es la transcripción automática de música.